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19 mayo, 2011 Enrique Fornies Gancedo

Movimientos sociales actuales y juegos de lenguaje

Movimientos sociales actuales y juegos de lenguaje
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Cada palabra con sentido es una acción. El lenguaje no es simplemente una serie de sonidos articulados. Implica gestos, tonos de voz, movimientos y acciones en general. Comprendernos unos a otros no consiste únicamente en intercambiar mensajes. Redes sociales como Facebook o Twitter no sirven exclusivamente para hablar con nuestros amigos directos o gente de nuestra edad, sino para contactar con quienes hablan nuestro mismo lenguaje. Por eso, cuando una palabra como el hashtag #acampadasol se difunde con la fluidez y efectividad que lo ha hecho se debe a que, en cierto modo, ya ocupaba un lugar en el modo de actuar de las personas. En este caso, el término en cuestión ha sido aceptado con tanta rapidez porque, en cierto modo, se enlaza con algunos otros ya existentes como #eurodiputadoscaraduras, #ppsoe y, por supuestos #nolesvotes. Quienes hicieron un uso efectivo de este vocablo ya hablaban un lenguaje determinado.

Ludwig Wittgenstein denominó a estos conjuntos de términos “juegos de lenguaje”. Dichos juegos constan de las palabras que los componen y las acciones con las que están entretejidas. Una palabra sin acciones que la acompañe resulta ininteligible, pero, a su vez, estas acciones no pueden ser comprendidas si no se ubican dentro de un conjunto de prácticas que se relacionan unas con otras. Es decir, ninguno de nuestros conceptos puede ser entendido si no es puesto en relación con el conjunto de los términos que regularmente empleamos en situaciones concretas. Desde este punto de vista, resulta absurdo creer que se puede entender el concepto #nolesvotes sin hacer uso de #eurodiputadoscaraduras. Explicar el significado de uno requiere utilizar el otro, por lo que comprender el primero implica haber entendido previamente el segundo (y viceversa).

Según Wittgenstein, las comunicaciones efectivas se producen entre quienes manejan un mismo juego de lenguaje. Es decir, #notenemosmiedo, #tomalacalle o #yeswecamp no son simplemente palabras sueltas, sino que se entrelazan entre ellas y guardan una relación directa con otros muchos términos sin los cuales resultan ininteligibles. Por contra, hacer un uso correcto de cada una de ellas supone ser capaz de hacerlo respecto de las demás. Introducirlas en discursos donde se pongan en relación con otros conceptos implica cambiar su significado. O lo que es lo mismo, perder la comunicación. De este modo, el hecho de que #15m esté relacionado con #nolesvotes deslegitima ante la opinión pública cualquier uso que hagan de ellos las facciones políticas.

Por otro lado, las palabras se encadenan en proposiciones que, a su vez, se entrelazan entre sí. Es decir, en la comunicación no hay palabras sueltas ni proposiciones aisladas. Unas nos llevan a otras al igual que nuestros actos cobran sentido ante un contexto y en relación con el conjunto de nuestras acciones. Por eso, para Wittgenstein, hablar un lenguaje supone adoptar una “forma de vida”, adoptar una serie de costumbres que dan sentido a nuestras palabras. De ahí que la acampada en la Puerta del Sol no pueda ser entendida como un fenómeno espontáneo o aislado en el tiempo. Es el resultado de la progresiva aparición de un modo de hablar que, poco a poco, fue perdiendo contacto con el lenguaje de los políticos y los agentes sociales actuales. Es la manifestación pública de una forma de vida que no coincide con lo que la costra política entiende.

Un lenguaje es una forma de vida. No hay forma de vida que no implique un lenguaje. Nuestra vida es comunicación. Comunicarnos es nuestra forma de vida. Vivamos el lenguaje.

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